POR QUE?
El LoKo enero 5th, 2009
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Ayer, como todos los domingos al atardecer, mi madre me pidió que la acompañara a! cementerio municipal. yo que siempre me había negado, esta vez, ante su insistencia, accedía a sus deseos.
Cuando llegamos, el viejo guardián nos pidió que fuésemos breves, pues ya era la hora de cerrar. El nicho donde se alojaban los restos de ml hermano estaba en Ia séptima hilada o planta. Mi madre me pidió que buscara una escalera y limpiara su lápida y cambiase aquellas flores marchitas por unas nuevas.
A mi, que los cementerios me imponían Un enorme respeto, la idea de tocar la lápida no me satisfacía en absoluto, pero, pensé que aquello haría ilusión a aquella santa y devota vieja. Ayudado por ella arrastré hacia el lugar una larga escalera y después de apoyarla subí, mis piernas comenzaron a temblar y mis manos perdían Ia fuerza para sujetar mí cuerpo, yo iba ascendiendo lentamente leyendo la inscripción de la la pida, en ella, impreso con letras doradas: el niño Nicolás Martín.
Al llegar a la mitad mi cuerpo se negaba a seguir pero algo, algo me atraía desde arriba con enorme fuerza; mire hacia abajo, a pie de la escalera ml madre enfundada en su traje negro me miraba con lagrimas en los ojos y las nuevas flores en sus manos, yo ¡Dios!, recordaba aquel niño rubio de ojos azules, lo recordaba como el niño mas lindo que había conocido, también, pensaba en el horrendo final de su vida y de nuevo sentí en mí la misma impotencia que aquel día.
Todo había ocurrido en el verano de hacía ocho años. Correteábamos por el campo junto con otros niños, de pronto vimos una casa vieja, semiderruída, a su lado, Un viejo pozo. Mi hermano, el mas intrépido, gritó: ¡vamos! ¡ miremos si es muy profundo! Pero el pozo tenía una tapadera de madera
cerrada con un viejo candado. Intentamos abrirlo pero no pudimos, mi hermano, se subió entonces a Ia tapa y con una piedra comenzó a golpear el candado. Al tercer intento las viejas maderas carcomidas por el tiempo cedieron bajo su peso y mi hermano se desplomó. Yo quise sujetarlo pero ya era imposible, desde el fondo del pozo unos lamentos espantosos aun golpeaban mis oídos, le grite: espera! espera, voy a buscar a los mayores!, pero solamente me llegaron sus gritos de desesperación y terror. Inmediatamente acudieron conmigo a lugar dos viejos labradores, uno sujetó a otro con una cuerda y se deslizó en su oscuro interior. Después de un espacio de tiempo, que a mi me pareció eterno, subieron envuelto en una vieja chaqueta su cadáver. Su rostro presentaba enormes heridas producidas todas ellas por espantosas mordeduras de ratas. Con enorme temor y espanto desenvolvimos su cuerpo y de en medio de la vieja chaqueta salió huyendo despavorida una enorme rata parduzca, casi negra, de unos treinta o mas centímetros.
El día del entierro, cuando todos rezábamos delante de su tumba, me pareció ver corriendo la misma rata, como Si quisiera asistir a! entierro de su joven víctima.
Tenia que seguir subiendo las escaleras, de pronto me arme. de valor y ascendía uno a uno por los peldaños, al llegar con mi cabeza a la altura del nicho, oí de su interior Un enorme ruido. Baje. asustado la escalera y cogiendo a mi madre por los hombros le grite.:
-¡Están ahí madre! ¡Están ahí!
- Mi madre me miró sorprendida y me preguntaba: ¿lo qué? ¿lo qué? ¿qué es lo que esta ahí?
- Ellas madre, ellas!
-¿Pero quienes son ellas? ¿qué ellas?
- ¡Las ratas madre, las ratas!
Mi madre, a pesar de sus cincuenta y cinco anos, subió con toda la energía la escalera. Al llegar a la parte superior Un enorme grito brotó de su pecho. El viejo guardián acudió para ver lo que ocurría y yo le dije:
- Hay algo dentro del nicho de mi hermano. Ábralo! ábralo! por favor.
- Pero es que yo… no tengo autorización para abr….
-¡Que lo abra le estoy diciendo o lo abriré yo mismo!
Mientras tanto ya mi madre subía con una enorme piedra y golpeaba una y otra vez el nicho. Su pelo revuelto y el sudor cayendo por su rostro daban a su figura una imagen dantesca. De pronto la losa que tapaba el recinto en que se encontraban los restos de mi hermano se resquebrajó y de su interior salieron huyendo feroces un ingente numero de ratas que pasaron sobre el cuerpo de mi madre, saltando unas y otras deslizándose por la escalera.
Y ahora en mi cama, pensando en todo esto y sin poder conciliar el sueño, enciendo la luz y allí enfrente a los pies de mí armario una enorme rata me mira. Me levanto, corro hacia ella y la golpeo una y otra vez con un zapato. La rata se revuelve y chilla. ¡Oh Dios mío! en la puerta de mi habitación cerrada escucho los chillidos y el arañar de otras ratas que vienen a buscarme, vienen a por mi. ¡No lo entiendo! ¿por qué? ¿por qué?
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