POLVO ERES
El LoKo enero 3rd, 2009
->
Nunca supe que había sido de mi amigo Luis, su cuerpo no fue encontrado jamás, hasta que un día, después de 20 anos, la mano de Un niño se aferró a la mía; de nuevo su voz sonó en mis oídos dejándome, en principio, perplejo y asustado: era la voz de mi amigo.
Aquello, bajo mi concepto de las cosas, resultaba increíble. Quise sujetar aquella criatura y mi persecución resultó baldía.
Comencemos desde el principio. Esto ocurría en el verano de 1960, cuando mi amigo y yo junto con otro grupo de niños nos hallábamos de acampada en las montañas. Eran las cuatro de la tarde y mi amigo me invito a subir con él, a la cima de un monte próximo. Yo, que me encontraba cansado, me negué y así le vi marchar con una vara en la mano y silbando una canción.
¡Mi amigo ya nunca regresaría! Cuando a la noche la alarma de su desaparición cundió entre nosotros, tomamos nuestras linternas y dando voces recorrimos toda la montaña.
Al día siguiente avisamos a su familia y a la Guardia Civil que, acompañada de sus perros, batieron y rastrearon toda la zona. Los perros que aparentemente parecían seguir sus huellas, al llegar a un punto determinado se paraban y rastreaban en circulo; aquello nos hizo pensar en la posibilidad, entre los ladridos de los perros, de que su cuerpo estuviese allí enterrado y excavamos toda aquella zona sin encontrar nada, mientras los
perros en locura colectiva no cesaban de aullar.
La familia de Luis continuó la búsqueda durante dos años por aquella zona. Mientras tanto yo casi me había olvidado de aquel niño rubio de ojos azules y vivarachos que había sido mi amigo.
Era 1972, me encontraba haciendo el servicio militar cuando Un domingo, después de una marcha, me quedé adormilado en la montaña en la que se encontraba nuestro campamento. Calculo que habrían transcurrido como unos diez minutos cuando la tierra comenzó a vibrar bajo mi cuerpo, me asusté, me puse de rodillas y la tierra vibraba y vibraba cada vez más; yo atemorizado, no me atrevía a mover. Pegué mi cabeza al suelo y escuché una voz que desde su interior suplicaba:
¡Sácame de aquí! ¡Sácame de aquí! No podía dar crédito y comencé a buscar a mi alrededor la entrada de una cueva o gruta que diese al lugar en que yo me hallaba.
Corrí desesperado de uno a otro lugar y la voz repetía angustiosa: ¡sácame de aquí! Con mis manos comencé a arañar la tierra y ya sangraban mis dedos; de pronto una risa como si estuviese dentro de mí sonaba fuerte en mi cabeza, mientras, yo me golpeaba por si aquello era una pesadilla y la voz repetía entre grotescas risas: ¿por qué no viniste conmigo? Ya a punto de la locura la voz de mi sargento me hizo volver a la realidad y así la voz infernal de mi amigo cesó de sonar dentro de mi cerebro.
Entre lágrimas quise explicar lo que me había sucedido mi superior, entre risas, me dijo que estaría soñando y que poseía una gran imaginación.
En los días que sucedieron, cada momento en que me encontraba sólo, su voz repetía una y otra vez: ¡sácame de aquí!, por qué no me acompañaste!, y mi Llanto brotaba entre gritos de desesperación.
Fue días que después de haberme sorprendido muchas veces en tal sentido, mis superiores, junto con mi familia, decidieron internarme en un sanatorio psiquiátrico.
Yo sabia que no estaba loco pero como lo que decía, científicamente parecía una incongruencia, ellos me internaron allí en medio de consultas y tranquilizantes.
Al poco tiempo de estar encerrado comencé a comprender como a sociedad en cuanto un individuo le plantea una situación para ella desconocida lo encierran y le cuelgan un cartelito en el que dice: “loco peligroso”.
A los quince días de encontrarme en esta situación de locura obligatoria, ingresó en el mismo centro un individuo que presentaba un caso tan insólito como el mío: Juan Martínez, al cual perseguían unas manos enguantadas y pequeñas pero que, con enorme fuerza se estrechaban sobre su garganta. Los loqueros y yo mismo pensábamos que aquello era el producto de una mente enferma que se autolesionaba para atraer la atención; después de unas conversaciones con Juan en otro estado de tranquilidad comencé a pensar que a pesar de parecer increíble, podría ser tan cierto e inexplicable como el mío.
Poco a poco fui pidiendo que me cambiasen de cama, cada vez mas cerca de la de el, y as una noche que escuche sus gemidos me acerque y note que se oprimía su garganta y su cara tomaba un color morado Busque sus manos y pude comprobar que se hallaban rígidas y extendidas a lo largo de su cuerpo. Le golpee y grite pero solo pude escuchar en su voz entrecortada: ¡sácamelo de encima! ¡Sácamelo de encima por favor! Grité una y otra vez Llamando a los enfermeros que aparecieron corriendo y portando una camisa de fuerza que, inmediatamente, me pusieron y cual no seria mi asombro al sentirme abofeteado y escuchar la voz de los loqueros que decía: ¿por qué tenías que hacerlo?
Me mantuvieron incomunicado durante seis meses como loco peligroso. El médico insistía en que había sido yo, pero, yo ya no contestaba, había decidido firmemente no volver a contar nada de lo que estaba ocurriendo. Mientras tanto
una y otra noche en la soledad de mi celda la maldita voz de mi amigo Luis me repetía: ¡He sido yo!! ¿ Por qué no viniste conmigo? ¡¡Solo tú puedes sacarme de aquí!!
Los médicos al ver que negaba incluso la existencia de la voz de mi amigo ,me dieron el alta, ya no decía nada que ellos no pudieran comprender “Ya era normal”
Me incorporé a la vida y poco a poco mi familia y mis amigos fueron aceptando, aun que con recelo mi curación, y yo fui dejando de escuchar aquella maldita voz hasta ese ida en que un niño con la fuerza de un hombre apret6 de nuevo mi brazo. De nuevo, después de este día, escuchaba la voz de mi amigo y ahora me decía: “”estoy muy solo y vengo a buscarte”".
Anteayer de nuevo vi al niño que, con una sonrisa diabólica, se acercó y me dijo: ¡Ven, ven! ¡Vamos a jugar! Le seguí hasta las montañas y allí me dijo: siéntate, tenemos que hablar, tienes que venir conmigo.
De mi rostro brotaron unas enormes lagrimas y mis labios susurraron con temor un ¡Ya me hiciste mucho daño! ¿por qué Luis? ¿Por que? ¡Déjame, pues hoy tampoco quiero ir contigo!
El niño desapareció y esta mañana cuando caminaba pensando en todo lo ocurrido otro niño, harapiento y descalzo, colocó un periódico en mis manos y en la primera pagina pude ver una fotografía de un niño tumbado y a su lado la de un viejo, como titulo de las dos “Caso insólito”, al pie ((después de veinte años encuentra incorrupto el cadáver de su hijo con una anotación en la tierra bajo su cuerpo que, incomprensiblemente, dice:
¡Yo soy la tierra!
- Comentarios(0)
